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Luis Aguilar
San José - Costa Rica
Soy un costarricense amante de la filosofía, política, música, y literatura.
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05/12/08 | 02:09: Maximiliano ( Del blog Una Propuesta Diferente) dice:
Hola, quiero felicitarte por tus escritos, la verdad es que expresan claramente tus sentimientos más propfundos del alma. Espero que me siga encontrando con personas similares a vos, que posean ese don espectacular de poder transmitir las emociones en una hoja de papel. Felicitaciones!!! Continua escribiendo, me gustaria que te pases pro mi blog Una Propuesta Diferente. Adios...
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Jaramillo



Siempre consideré más artístico por lo menos estéticamente  a Dalí y su Gran Masturbador, Picasso con Guernica  o  la ya trillada  Mona Lisa, que cualquiera de los grafitis que uno pueda ver pintados en la calle. Debo decir en honor a estas obras sin embargo, que sin duda todos hemos visto y tenemos, si no es que lo hicimos, algún grafiti preferido o ejemplar que roba la mirada las veces que está a la vista,  evocando un mensaje en la gente o por lo menos en nosotros mismos. En mi caso, siempre desde chiquillo me llamó la atención una frase simple escrita con cuidado aunque no por eso con fea letra, una dedicatoria a la entrada de un puente horrible y maloliente que decía: De tus ojos nacen las estrellas. ¿A quien putas se le iba a ocurrir ponerse romántico y usar como lienzo  un puente feo? sin embargo admito que sentía total admiración y  envidia, de la buena que llaman algunos, por no haber sido yo el poeta y ante la intriga de conocer la historia detrás de esa frase le pregunte a mi abuela, que conoce más mundo y  explicaciones que yo, a lo que  me respondió, ¿Te acuerdas de Jaramillo?.   

La memoria de Tibás solo guarda de Jaramillo la faceta final de su vida, un indigente anciano, pequeño y jorobado, con una gorra sucia que disimulaba  una caretanda ejemplar  y la mirada  perdida con ojos rojos tristones, pero sin embargo agradable y  curiosamente un conversador que emanaba entusiasmo y algo de astucia al hablar. Siempre se le veía  por las calles pidiendo comida y saludando con ilusión a quien no fuera   tan altanero como para no pasarse de acera, siendo por suerte -aunque algún burguesillo baboso considere lo contrario- mi casa una de las paradas rutinarias que le servían a Jaramillo para comer.

Un día me tocó llevarle el plato lleno de comida al folclórico personaje, recibiendo  a cambio una sonrisa de agradecimiento carente de dientes, pero en todo caso uno aprende que quien menos tiene es mas agradecido con lo poquito que obtiene que su contrario.  Jaramillo me empezó a hablar con la boca llena de comida, lo cual dificultaba un poco  entenderle aunque era parte de su encanto, y mientras me relataba como había sido la historia de una herida sangrienta que llevaba abierta en la rodilla (quien no ha oído anécdotas de indigentes no ha vivido),  yo me concentraba en observarle con esa mirada de niño que todavía tenía en aquellos años, sus rasgos faciales similares a Cantinflas con la barba a medio hacer, hombros caídos cubiertos por una camisa blanca que se tornó café, pelo escaso  bajo  una gorra que decía Imperial, ojos llorosos y la cara arrugada como pasa.

Cuando Jaramillo terminó de comer me dio los trastes y se quedó meditabundo un rato, para luego sentarse bien en frente mío y empezar a contar algunos pasajes de su historia, como quien con orgullo abre un libro  y muestra con una sonrisa su escrito más preciado. Resultó que su hijo era boxeador y de los buenos me decía, Sí es  todo un campeón viera, a veces me invita a que lo vaya a ver, viera que yo nunca voy porque me da pena,  vergüenza no sé…pero viera yo lo quiero mucho a mi muchacho…,  y hacía ademanes de boxear conmigo en tanto se reía  a carcajadas mientras conversábamos. Luego Jaramillo entre otros temas habló de su madre, mujer ejemplar que lo había cuidado con un amor infinito me decía, y afirmaba que aún estaba viva mientras con la mano derecha se tocaba el corazón con vehemencia. Finalmente habló de su esposa, o por lo menos eso intentó,…Viera que yo la quiero pero ella dice que ya no me quiere, viera usted está muy pequeño Luisito y viera que no conoce lo que es dolor, pero acuérdese de mí, viera que no es fácil…, y se le quebró la voz mientras se ponía en pie y se despedía con  un ademán en su  mano derecha más alegre que sus ojos.

Resulta que Jaramillo llevaba más de dos décadas sin poner un pie en  casa, ya que su mujer de nombre Jovita, persona devota a Dios y  feligrés  católica ejemplar de la comunidad, no había resistido más las constantes borracheras y demás travesuras pecaminosas de Jaramillo, echándolo finalmente de su casa y convirtiéndose nuestro amigo así en el indigente que se  enmarcó dentro de la historia tibaseña. Pero más allá de la gloria y la fama Jaramillo amaba a Jovita.  Habían sido constantes y ya incontables las ocasiones que él había intentado de distintas formas reconquistarla, pasando por  la experiencia de llevarle serenatas de amor a altas horas de la madrugada ayudado en los coros por los compinches del bar,  múltiples regalos desde animales que se encontraran por ahí en las calles y de buen ver, hasta la mejor olla de carne del Mercado Central. Pero que va,  Jovita  al único hombre que le entregaba su cuerpo era a Dios, y clandestinamente a algunos conocidos casados que la frecuentaban de vez en vez, Pero de Jaramillo líbrame Señor, solía  decir.

Al frente de la Clínica se acostumbraba sentar el chancero conocido como Manolo, quien era hombre de mundo y tenía una respuesta para todo aunque de la experiencia no conociera, y a quien Jaramillo al quedarse sin ideas sobre nuevas maneras de convencer a Jovita acudió, aconsejándole Manolo ante la triste situación, ¡Escríbale un poema huevón!, porque mira, a las mujeres les gustan esas playadas, además mae, te sale más barato que ponerte  a comprarle jama y te sobra pal traguito, a lo que Jaramillo con interés respondió, Viera que tenés  razón panzón, pero viera que yo de esas varas no sé, pero diay le voy hacer ahí la fuercita por  Jovita…¡mira ya hasta en verso me salió!, y ambos hombres rieron por la astucia del poeta. 

¿Qué putas escribo?, fue la pregunta que rondó la cabeza de Jaramillo por algunos días angustioso pero a la vez esperanzadores, porque de  la tarea asignada y de unas cuantas palabras de las que se dicen día a día, se podía cortar una racha de 2 décadas vacías. Jaramillo después de meditar decidió escribir sobre lo que más le llamaba la atención de Jovita, y si bien es cierto la carne con el tiempo se hace flácida los ojos para el indigente eran la cosa que mas le cautivaba observar de la mujer, siendo estos color miel que modificaban la intensidad y tonalidad de su color dependiendo de la hora del día. Bonitos. Y luego de ponerse a recordar canciones de esas romanticonas y con unos traguitos de más acostarse en el zacate mirando al cielo lleno de astros, parió la frase que buscaba: De tus ojos nacen las estrellas. Al día siguiente tomó prestados unas pinturas en aerosol sin el consentimiento del dueño, y decidió usar como lienzo una pared alargada y más alta que una persona promedio a la entrada de un puente, para escribir el Poema de Jovita que es de una sola frase, Pero viera que el mundo es de los vivos, solía decir Jaramillo y la falta de otros versos la substituiría con una expresión gigante que no cabe en ninguna hoja y que todos podrían ver y apreciar, delegándose así los días siguientes a la artística tarea.

Siete días duró el génesis de su  obra como quien crea los cielos y la tierra, logrando Jaramillo finalmente y tras una angustiosa semana terminar el Poema de Jovita. La dinámica fue siempre la misma, en donde de las seis palabras del verso Jaramillo escribiría una por madrugada, las cuales antes de plasmarlas definitivamente en la pared practicaba y escribía durante horas en hojas de papel, envoltorios de pan o cualquier superficie que le sirviera para practicar, Porque viera que hace mucho no escribo, y además cuando de amores se trata la cosa es de cuidado,  decía para justificar sus ensayos. El séptimo día y para resaltar aún mas el poema y asegurarse que no pasara desapercibido ante los ojos de Jovita,  le dibujo múltiples asteriscos rodeando el contorno de la frase asemejando  estrellas. Pero la tarea no siempre fue sencilla, ya que en una ocasión  y gracias a un partido de futbol en la localidad, Jaramillo tuvo que defender su grafiti ante los aficionados que solían dibujar toda serie de imágenes a favor de su equipo, por lo que el indigente diseño la estrategia de defecar justo en frente de los hinchas el tramo donde empezaba el poema, y posteriormente acostarse en frente del grafiti (que en ese momento iba por la mitad), Porque primero me pintan a mí esos playos que a la pared, se decía a si mismo como quien valerosamente está dispuesto a todo para defender su verso.

Terminado el poema, Jaramillo fue el hombre más feliz del mundo y se dispuso a celebrar su última madrugada en la calle, y con una botella de licor fino que  consiguió de manera ilícita se pegó el fiestón de su vida. A altas horas de la madrugada y tras la botella vacía, el hombre se puso a soñar y transportándose en el tiempo tres décadas atrás, recordó cuando bailó por primera vez un vals cuyo ritmo aún recordaba con Jovita, quien  llevaba un pomposo y glamoroso vestido rojo que junto con sus ojos teñidos de una tonalidad especial, gracias  a la atracción que sentía por el hombre, le tomó la mano con gusto cuando la invitó a la pista de baile. Así fue como Jaramillo botella en mano, se balanceaba por  la calle desierta en plena madrugada, mientras se imaginaba en  la  danza y se mecía de aquí para allá y de allá para acá, un dos tres, un dos tres, beso, un dos tres, un dos tres, beso, giro, giro, un dos tres, un dos tres, paso largo, un dos tres, paso corto,  manos arriba, giro, un dos tres, un dos tres, beso, manos sueltas por un instante, un dos tres, giro, un dos tres, abrazo,  un dos tres, un dos tres, paso largo, un dos tres, paso corto, un dos tres, un dos tres, beso. Esa Noche Jaramillo murió bailando. 

Finalmente el tiempo pasa y la gente va y viene, las personas se olvidan y sobretodo las paredes se pintan.  Esa misma mañana la gente estaba consternada con la noticia del terrible accidente, cuando ya casi  amaneciendo Jaramillo fue arrollado por un conductor en mal estado quien se diera a la fuga, sin saber Jovita a ciencia cierta a pesar de los rumores y las insistencias de Manolo que ese grafiti era para ella. Así pues, ese día murió un indigente pero nació un poema, que estuvo intacto durante muchos años adornando Tibás hasta que el deterioro lo borrara casi por completo, pero a pesar de todo, cada vez que Jovita pasó frente a ese verso  siempre se le iluminó la mirada cuando  Jaramillo le decía, De tus ojos nacen las estrellas.

 


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