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Luis Aguilar
San José - Costa Rica
Soy un costarricense amante de la filosofía, política, música, y literatura.
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05/12/08 | 02:09: Maximiliano ( Del blog Una Propuesta Diferente) dice:
Hola, quiero felicitarte por tus escritos, la verdad es que expresan claramente tus sentimientos más propfundos del alma. Espero que me siga encontrando con personas similares a vos, que posean ese don espectacular de poder transmitir las emociones en una hoja de papel. Felicitaciones!!! Continua escribiendo, me gustaria que te pases pro mi blog Una Propuesta Diferente. Adios...
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El Musical Derrumbe de las Máscaras



"Todavía voy a decir unas palabras para los oídos más selectos: qué es lo que yo quiero de la música. Que sea jovial y profunda, como un mediodía de octubre. Que sea singular, traviesa, tierna, una pequeña y dulce mujer, pérfida y encantadora…”
-Ecce Homo
, Friedrich Nietzsche

Entre el esplendor del glamoroso teatro, la gente busca su asiento tranquilamente mientras conversan, risas van y vienen entre el público, cuando una luz blanca circular atraviesa intensamente la oscuridad, iluminando una silla y un micrófono solitarios en el escenario. Los espectadores, que son de una clase social alta y se distinguen por su inquebrantable reputación, guardan un silencio ansioso, esperando por el famoso artista que anunciaba la propaganda, a quien nunca habían visto ni oído jamás, pero aún así, estos adinerados podían darse el lujo de ir a ver algo sin saber que esperar, y con mayor razón cuando se decía entre pasillos que ella revolucionaría el mundo musical.


El silencio se apodera de la atmósfera, todos los ojos están clavados sin titubeo en la silla y el micrófono, en eso se escuchan pasos decididos caminar por un costado del escenario, pasos gigantes que llevan consigo toda una carga de dinamita en esos pies descalzos, cuando debajo de la luz tiernamente surge ella.
Aparece feroz la tan ansiada mujer, y lentamente se acerca al centro del escenario, mientras miles de ojos no se despegan ni un segundo de su figura. Al ser por fin iluminada plenamente por la luz circular, todos observan extrañados la bonita gabardina que acompaña su largo cabello y su piel morena, además de su amada guitarra y sus pies desnudos, y por supuesto una máscara azul que le cubría por entero el rostro.

Los comentarios entre el público no se hacen esperar, el desconcierto y la curiosidad parecen apoderarse del teatro, mas todos prestan cuidadosa atención cuando la mujer pone sobre la silla por un instante su guitarra, voltea hacia el público y entre ellos se observan mutuamente por unos segundos, mas ese ritual termina cuando ella, ante la luz que la ilumina y los adinerados que la observan, se quita lentamente la gabardina y queda desnuda en su totalidad.

Todos los presentes están indignados e impactados, las palabras “obscena”, “inmoral” y “pecado” son dedicatorias para la artista. La mujer serena toma su guitarra y se sienta en la silla, acerca el micrófono a su boca, y a través de su máscara empieza a entonar su repertorio, el cual no tarda en callar a los necios de las gradas, y apoderándose de todo el teatro entona su trágica canción.

Esta interpretación esta impresionando hasta el más iluminado de los espectadores, no existen en realidad expresiones occidentales, que puedan describir esta actuación profunda y trágica. La mujer está viviendo la desdicha que está entonando, se mece sobre su asiento mientras con su melodiosa voz, acompañada de su melancólica guitarra, canta la verdad sobre lo absurdo de la existencia, la sola aceptación del carácter contradictorio entre la vida y la muerte, hace temblar su cuerpo, más afirma a pesar de todo a la vida con fuerza. La mujer ha acabado con su canto lo que hoy se conocía racionalmente como arte, ella ha transformado el teatro en embriaguez.

Termina su acto solemne, y la mujer alza su mirada hacia las gradas observando al público atónito, nadie reacciona aún a su presentación, pero cuando algún moralista grita “¡Saquen a esa indecente por el amor de Dios!”, el público vuelve de nuevo a su cabales, y empiezan a abuchear una presentación tan inmensa que no lograron entender, y de nuevo las cuestiones superfluas, como la pecaminosa desnudez de la mujer y su demoníaca máscara, hacen a estos necios vanagloriarse como defensores de la moral antinatural, y lanzan insultos fuertes contra la artista, haciéndola salir con una lágrima bajo su máscara.

Lastimosamente esto no termina ahí, la turba aún siente rabia por la sensación que les causó la enmascarada desnuda, y por no poder entender el significado de lo entonado, se levantan furiosos para asegurarse que esta sea su última presentación, todos armados con la ira y la estupidez se dirigen en su búsqueda. Todos menos uno, un hombre extraño con fama de enfermizo, con un bigote bastante tupido y además filósofo, que considera a la buena música como un mediodía de octubre, y el único capaz de captar lo simbólico de lo presenciado… en fin, no tiene importancia.

Apenas se vestía la mujer de nuevo en su camerino, cuando dos hombres aparecen con el mandato popular de la turba para sacarla, claro aprovecharon unos cuantos minutos para violar a la bella mujer, “al fin de cuentas va a morir” se dijeron. Luego, la mujer sangrando es cargada por los hombres, y la entregan desgraciada a la masa que la esperaba en las afueras del teatro.

Es pateada y amarrada en las extremidades por las mujeres puritanas del pueblo, y en nombre de la moral occidental, esa que no admite desnudos por que son pecado, la atan a un poste de luz, y con lentitud se acerca el sacerdote para echarle el agua bendita, ante las oraciones de las señoras que lo adoran, la muerte es inminente de esta mujer que simplemente rompió a occidente.

“Quítenle la máscara”, grita alguno de los presentes antes de apedrearla entre todos, y la mujer ve cuidadosamente los rostros de sus verdugos: observa al gobernador que normalmente tiene un buen semblante, pero ahora la rabia le gobierna el rostro; echa de ver a la esposa de un empresario, la cual siempre andaba bien maquillada y elegante, pero esta vez no le ha importado que su vestido se halla rasgado al amarrarle las manos; mira al administrador del mercado, quien nunca perdía la compostura, pero ahora espera ver sangre mientras quema la guitarra de la artista; se percata del rostro del mayor exportador del poblado, quien siempre se distinguía por su generosidad, y ahora busca furibundo la roca más grande para reventársela a ella en la cabeza…


“¿Cual máscara será mas falsa me pregunto – dice la artista antes de morir- la mía que hace alusión a la tragedia griega, o la de ellos que bajo el imperativo de la moral y los buenos principios cristianos, esconden aves de rapiña listas para matar?... ¿Cual máscara será mas falsa me pregunto, la mía que me acompaña en mi canto con el que purgo la existencia, o la de ellos, que ponen rostro misericordioso en la misa cuando se dan golpes en el pecho, y a la salida buscan derribar todo lo que no sea afín a ellos? La música que canté les desveló su esencia, sería bueno que en vez de pedir mi máscara, se quiten primero la de ellos…”

Luis Aguilar, http://venascr.blogspot.com/

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