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Luis Aguilar
San José - Costa Rica
Soy un costarricense amante de la filosofía, política, música, y literatura.
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05/12/08 | 02:09: Maximiliano ( Del blog Una Propuesta Diferente) dice:
Hola, quiero felicitarte por tus escritos, la verdad es que expresan claramente tus sentimientos más propfundos del alma. Espero que me siga encontrando con personas similares a vos, que posean ese don espectacular de poder transmitir las emociones en una hoja de papel. Felicitaciones!!! Continua escribiendo, me gustaria que te pases pro mi blog Una Propuesta Diferente. Adios...
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El Musical de Cuentos





Los Ancianos



"e inventamos un vals... que bailamos para soñar.”

-Silvio Rodríguez

 

La enfermera va rumbo a la cocina y prepara dos platos con frutas frescas, las corta en trocitos diminutos y les vierte un poco de miel para que sean aún más apetitosas, luego las coloca en una bandeja para llevarlas a la habitación de la pareja.

En el dormitorio de los ancianos entra una luz tenue por la ventana, el día está gris y un poco frío,  “hoy los ruiseñores no cantaron por la mañana, al parecer también el frío les afecta su trino”, pensó La Anciana. La enfermera entra con la bandeja y saluda a la mujer mayor con una sonrisa, esta le responde de la misma manera luego voltea hacia su esposo, que no da mayor señal de estar conciente.

La enfermera coloca la bandeja en la mesita entre las dos camas, toma asiento y le da un plato a La Anciana, el otro lo toma ella porque la mujer que está acostada a su lado nunca le ha gustado comer sola. Así las dos femeninas toman el desayuno juntas, lentamente la mujer mayor se sienta un poco en su cama para así poder alimentarse más cómodamente, mientras la enfermera la vigila para que no se atragante mientras degusta las frutas.

El proceso termina sin mayores angustias, a La Anciana se le cayó una fresa al suelo mientras intentaba metérsela en la boca, levantó la mirada y observó a la enfermera con vergüenza,  vio como ella con una sonrisa tranquila sacaba de su plato una fresa para dársela a ella.  La enfermera recoge los platos y luego de colocarlos en la bandeja mira a la mujer mayor, y nota que ella tiene la mirada perdida hacia El Anciano que está en la cama de al lado, “tranquila de seguro despertará algún día”, le dijo la joven para tratar de consolarla pero La Anciana pareció no escucharla, “regresaré en unas horas” expresó la enfermera y se marchó.

La mujer canosa retoma de nuevo su posición horizontal en el colchón, observa con atención la gran máquina que está entre su cama y la de su esposo, de cuyo funcionamiento dependen ambos ancianos para sobrevivir pero al mismo tiempo los separa físicamente, ya que la única posición en donde la máquina podía atenderlos a ambos era entre los dos lechos, produciendo así una especie de pared invisible pero irremediable entre los dos amantes canosos.

La Anciana mira un rato por la ventana y el sol que parece asomarse lentamente causándole así una sonrisa, pero al mirar a su esposo postrado a unos centímetros de su cara retoma una expresión triste. El Anciano lleva más de un año sin despertar. Una enfermedad degenerativa lo atacó hace ya muchos meses, llevándolo a estar  inmóvil  e inconciente de por vida, a la espera de que simplemente eso que llaman corazón quiera dejar de latir. La Anciana por su parte hace  dos años que no puede moverse de la cama, ya que un accidente vial dejó como saldo la fractura de su cadera y distintos huesos en sus piernas, y tomando en cuenta su avanzada edad fue imposible hacerle caminar de nuevo.

La enfermera entra antes de lo previsto con unas cuantas medicinas para la canosa, y encuentra a La Anciana llorando desconsolada. Pone las medicinas al borde de la cama mientras acaricia tiernamente las canas de la inválida, susurrándole alguna oración que se memorizó en la misa de ayer, pero la mujer mayor no parece notar su presencia y continúa en un llanto doloroso, pero aunque quiera gritar no puede porque ha perdido la capacidad de hablar hace unas pocas semanas.  La enfermera toma las medicinas y coloca la respectiva dosis dentro de la máquina, luego se marcha con los ojos llorosos.

La canosa mira de nuevo hacia la ventana mientras empieza a recordar. La memoria la transporta hacia los días inmediatos a su accidente vial, viendo la imagen de su esposo que abre la puerta con dos platos llenos de fresas frescas, se acerca hacia ella que está como hoy postrada en su cama y le da un beso cariñoso antes de entregarle el alimento, después juntos se sientan a comer  y charlar sobre cualquier cosa, lo que en verdad importaba era el hablarse y abrazarse. Luego El Anciano fue diagnóstico con esa enfermedad degenerativa que terminaría por acabarlo, y La Anciana recuerda como ese día el hombre llegó al hogar entre lágrimas, se agarraba el pelo enfrente de ella y exclamaba al cielo por su suerte, mientras La Anciana no le quedaba más que acompañarlo en su llanto.

Así en cuestión de un par de meses el esposo tuvo que ceder ante la enfermedad, terminando  postrado junto a La Anciana. Al principio ambas camas estaban pegadas, con lo cuál los amantes pasaban gran parte del tiempo de la mano, hasta que la condición de ambos fue empeorando y la máquina se hizo necesaria, separando por siempre a estos dos canosos.

Estando separados los ancianos pasaban al principio un buen tiempo comunicándose, diciéndose palabras de amor a la distancia, recordándose mutuamente lo importante que era el uno para el otro y en los ratos de aburrimientos, jugaban a que estaban bailando el vals que bailaron décadas atrás el día de su matrimonio, así ambos canosos levantaban las manos mientras tarareaban la canción, meciéndose cada uno por separado en su cama pero mentalmente juntos en una nube de esas que se ven por la ventana.

            Cuando los meses empezaron a pasar la capacidad comunicativa de ambos empezó a deteriorarse seriamente. El Anciano empezó a perder la capacidad de articular las palabras e incluso hasta cierto punto la lucidez, mientras La Anciana tiene hasta la fecha un inexplicable dolor que le impide producir su voz. Cuando se dieron cuenta que perderían irremediablemente la capacidad de comunicarse, El Anciano con lo poco de cordura que le quedaba le dijo a la enfermera recién llegada que tomara un hilo del cajón, y luego de esto lo amarrara a su dedo pulgar y posteriormente al de su esposa, buscando con esto que a pesar del deterioro físico y la distancia que los separaba, siempre lograrían tener aunque sea un hilo que los uniera.

            La Anciana recuerda con mucho dolor el día que despertó hace más de un año. Notó que el hilo amarrado a su dedo no tenía la rigidez que se suponía y al observar a la cama de al lado, vio a su esposo inconsciente como está hoy en día y el hilo suelto de su pulgar. Sintió el deseo de levantarse y abrazarlo, entonces la canosa se intentó por de pie con un enorme esfuerzo, logrando sentarse en el borde de su cama a un par de metros de su esposo,  se lanzó al piso buscando agarrarse desesperada de la cama del Anciano, pero al posar sus pies en el suelo estos como era de esperarse no pudieron aguantarla y cayó llorando entre ambas camas.

 Un doctor entra acompañado por la enfermera en la habitación, ya que al parecer La Anciana está empezando a perder la vista y la audición, lo cual es  normal en personas de avanzada edad. El doctor la examina durante un rato concluyendo que la canosa solo ve sombras y en cuanto a su oído este está casi perdido. La Anciana a pesar de su sordera pudo escuchar el diagnóstico del médico, el cual no le sorprendió ya que su visión apenas le permitía ver la luz del sol y  los ruiseñores no se oían. Hace un par de semanas que no puede ver el rostro de su Anciano, perdiendo así la capacidad de tener comunicación visual, y ante esto el único lazo que le quedaba con El Anciano era la máquina compartida que los separaba.

La vista de La Anciana finalmente luego de un par de semanas terminó de deteriorarse, ya todo lo que veía por sus ojos era grisáceo y deforme. La depresión resultó ser su compañera en los días siguientes hasta su muerte, y la audición al igual que la vista en breves horas colapsaría.

Caía la tarde y con esto la canosa despertó de una breve siesta, y con su reducida capacidad auditiva escuchó que la máquina estaba emitiendo un sonido molesto, y comprendió que dicho chirrido significaba que el otro lado de la maquina ya no estaba en funcionamiento.  La Anciana se voltio y no volvió a escuchar nada más en el resto de su vida, solo en su mente escuchará la canción del vals que suena mientras ella baila con su canosos en una nube por siempre.

 

Luis, http://venascr.blogspot.com/

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